Soberanía Alimentaria

REVISTA 6: Soberanía Alimentaria
FECHA: MARZO 2023
María Elena Álvarez-Buylla Roces
Directora general del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías
Presentación (págs: 4, 5, 6, 7, 8 y 9)
La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos y de los países o uniones de Estado a definir su política agraria y alimentaria, sin la injerencia o presión de terceros (países y/o corporaciones). Como parte de este derecho, se prioriza la producción agrícola local sobre las importaciones y se busca la seguridad alimentaria a nivel nacional, para garantizar a todas las personas el acceso físico, social y económico permanente a alimentos naturales, seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para llevar una vida digna, productiva y saludable.
Durante el período 1988-2018, la política económica, agraria, agrícola, alimentaria y de salud de los gobiernos neoliberales de México actuó claramente en contra de este derecho. Aumentó de manera deliberada la desigualdad en la distribución de la riqueza socialmente generada; debilitó significativamente la milenaria agricultura de pequeños y medianos productores y la vida rural digna; precarizó las condiciones laborales y abatió el ingreso real de enormes contingentes de población urbana; privilegió la agroexportación de alimentos suntuarios y sustituyó la producción suficiente de alimentos básicos por su importación; generó enorme dependencia de mercados agrícolas financiarizados, distorsionantes y volátiles; creó una agroindustria alimentaria muy poco regulada en cuanto a la inocuidad de sus insumos y productos y de la protección de la salud de quienes trabajan en el sector; creó oligopolios gigantescos que controlan los circuitos de producción-distribución-procesamiento-venta de alimentos; distorsionó la disponibilidad de éstos hacia el consumo de productos ultraprocesados no saludables y culturalmente inapropiados.
En suma, en poco tiempo y para mal se transformó la cultura y el régimen alimentario de la población urbana y rural hacia dietas que, en distinta cantidad y proporción, combinan tanto elementos que sobreviven de una de las dietas tradicionales más variadas y sobresalientes del mundo, como productos alimentarios industriales claramente degradados y no saludables. Estos numerosos cambios han contribuido a que persista, por un lado, la insuficiente ingesta de alimentos en un sector importante de la población y, por otro, la alta prevalencia de sobrepeso u obesidad (57 % de la población), diabetes (10 % de la población mayor de 20 años), hipertensión (1 de cada 3 personas mayores de edad), y otras morbilidades, cuyas consecuencias silenciosas o silenciadas empiezan a ser visibilizadas.
A lo largo de varias décadas, diferentes organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales amplios, y sectores de las comunidades de humanidades, ciencias, tecnologías e innovación (HCTI) del país y el mundo han resistido a la hegemonía del régimen agroalimentario industrial corporativo. Actualmente, están restaurando y construyendo circuitos locales y regionales solidarios de producción-distribución-procesamiento-venta de alimentos, basados en insumos y prácticas agroecológicas, autoabasto viable, intercambios justos con precios accesibles y cuidado de la calidad nutricional e inocuidad de lo consumido.
El gobierno de la 4T está instrumentando leyes, decretos, políticas públicas y programas específicos para empezar a revertir los efectos más dañinos del régimen agroalimentario hegemónico, para construir vidas rurales dignas y fortalecer circuitos solidarios alternativos. Destacan en ese sentido las contribuciones de los programas Sembrando Vida, Producción para el Bienestar, Jóvenes Construyendo el Futuro y los Decretos Presidenciales de 2020 y 2023 que eliminan para 2024 el uso del agrotóxico glifosato y que prohíben la siembra de maíces transgénicos, su importación y uso para consumo humano.
El Conacyt y las comunida des de HCTI han sumado sus capacidades a estos programas y al cumplimiento de los decretos. El régimen agroalimentario industrial —construido para dominar corporativamente los mercados globales y para concentrar sin límite ganancias extraordinarias— es muy poderoso, pero sus efectos sociales, ambientales y de salud son cada día más visibles y sus crisis, cada vez más frecuentes y agudas. La especulación corporativa, la escasez y carestía de insumos agrícolas industriales y de alimentos que estamos viviendo es un hecho muy palpable para toda la población, evidencia de que la transformación no debe postergarse.
Hoy en día el Conacyt, mediante los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces) y varios otros programas y servicios, está construyendo condiciones más favorables para que las comunidades de HCTI —desde el ámbito de sus principios y quehaceres— se sumen a una alianza entre la población y sus organizaciones económicas y sociales, los programas de gobierno orientados a la seguridad y soberanía alimentaria, y las pequeñas y medianas empresas socialmente responsables, para revertir el régimen hegemónico y su crisis alimentaria, de salud y ambiental que lacera la vida de la mayoría de la población mexicana.
En este número 6 de la revista Ciencias y Humanidades se escuchan las voces de actoras y actores que tienen amplio conocimiento de las condiciones hegemónicas que hay que transformar y que han construido experiencias importantes sobre los caminos que convergen hacia la soberanía alimentaria nacional.
Estas voces se entretejen con las de jóvenes artistas, quienes con sus hermosos diseños editoriales e ilustraciones, poemas en lenguas originarias, y la mini historieta, capturan lo que la prosa académica no alcanza a expresar.
En Artículos y Soberanías, las y los autores nos explican cómo se gestó deliberadamente el problema alimentario actual y nos recuerdan que para superarlo hay mucho que defender, recuperar y desarrollar de nuestro legado cultural. Nos presentan la injusta paradoja de la familia campesina que no puede procurarse a sí misma una alimentación suficiente y sana, así como los esfuerzos comunitarios y estatales para recuperar el autoabasto rural. Nos comparten una experiencia de agricultura urbana especialmente relevante para las personas migrantes que trabajan y viven precariamente en «desiertos alimentarios». Nos relatan los principios y las experiencias de los numerosos Circuitos Agroalimentarios Cercanos y Solidarios que la gente está construyendo día a día en nuestro país. Nos recuerdan que la muy nociva dependencia agroindustrial a las semillas transgénicas, a los agrotóxicos y al dispendio de energía fósil requiere ser superada, y que sí hay alternativas en operación y en desarrollo para ello en nuestras semillas criollas, en nuestras prácticas agroecológicas, en los bioinsumos inocuos y en las energías renovables.
Nos relatan la historia de lucha fructífera de las organizaciones de la sociedad civil por avanzar hacia la soberanía alimentaria. Nos comparten el impulso histórico que la Subsecretaría de Autosuficiencia Alimentaria de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural está dando a la transición agroecológica a escala nacional.
Se incluye un reconocimiento a una pareja de profesionistas de la comunicación científica que han hecho de la defensa de la alimentación saludable el plato fuerte de su actividad y que han investigado y visibilizado las prácticas mediante las cuales las corporaciones cooptan a académicos y funcionarios públicos para «demostrar» la supuesta inocuidad de productos alimentarios dañinos.
En Derecho a la Ciencia, el autor muestra que éste es el pilar y fundamento de la iniciativa de Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación que sometió el poder ejecutivo al legislativo, y nos explica con mucha claridad todo lo que implica ejercer cabal, colectiva y cooperativamente este derecho y enorme bien social.
En Ciencias y Arte, la poesía de Noemí Gómez canta en lengua ayöök (mixe) a los múltiples significados y bondades del territorio rural y de la «carne del maíz», en tanto que la poesía de Santos de la Cruz en lengua náhuatl de la huasteca veracruzana invoca los bienes de la cultura agrícola y alimentaria indígena, e interpela con tristeza a sus congéneres que han migrado a la ciudad sobre lo que han perdido en ese lugar de hambruna y «comida de juguete».
En Diálogo de Saberes, la autora nos comparte cómo la interacción entre participantes, aprendices y cantadores es lo que teje y socializa el saber en los rituales agrícolas del Mitote de la sierra del Nayar. Por ello, el significado de los cantos naáyeri escapó a los estudiosos occidentales hasta que un diálogo más cercano con los sabedores locales, les reveló el modo en el que la danza y los gestos crean, junto con las palabras, una descripción compleja del mundo que no puede ser concebida ni estudiada por separado.
En Punto Crítico, Felipa Tuz Ku’ nos reconforta con la receta maya de los joroches, un delicioso y agridulce bocadillo saludable que desbanca a cualquier fritura industrial que se le oponga. En Data, se muestra en infografía la riqueza cultural de la milpa. Por último, en Historia Mínima, Santiago Moyao hace llover granos y no granizo en una vecindad citadina, recordándonos que necesitamos abrazar lo inusitado para decidirnos a emprender acciones transformadoras, largamente pospuestas.
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